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Nigel Wight presenta investigación sobre la tragedia de El Cobre en Congreso Tailings 2026

Oct 2, 2026

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En el encuentro más importante que se realiza en Chile sobre relaves, el investigador de SMI Chile expuso sobre lo que podemos aprender a partir de la memoria del desastre ocurrido en la mina El Soldado en 1965.

“Lo que queda: riesgo de desastres y preparación para emergencias en un pueblo minero chileno”, se tituló la exposición de Nigel Wight, y que resulta de un trabajo de investigación de larga data sobre los recuerdos y reflexiones, sesenta años después, del mayor desastre de relaves en América Latina durante el siglo 20: el colapso de dos relaves en El Cobre, donde se ubicaba la mina El Soldado, a raíz del terremoto que azotó a esa zona el 28 de marzo de 1965.

Su presentación se basó en un trabajo de investigación entre SMI Chile y el CSRM, Centro de Responsabilidad Social en Minería del Sustainable Minerals Institute de UQ, donde participó junto a Jill Harris, Angélica Andrade y Deanna Kemp.

A las 12.33 de ese fatídico domingo la tierra comenzó a moverse… Los dos tranques de relave colapsaron y en menos de una hora sepultaron prácticamente todo el campamento.

“Nunca se estableció una cifra oficial de muertos”, contó Nigel Wight. “Las estimaciones oscilan entre 200 y hasta 500 fallecidos, y solo se pudieron recuperar entre 35 y 70 cuerpos. La mayoría de las víctimas siguen bajo los relaves. No hubo investigación pública ni compensación, y la mina retomó sus operaciones tres meses después”.

La investigación -que tomó como fuentes a testigos directos, familiares de personas afectadas por la tragedia y documentos públicos- se enfocó en la pregunta: ¿de qué manera el desastre sigue moldeando la relación de las personas con el riesgo de relaves?

“La memoria de los desastres es duradera, desigual y activa”, planteó Nigel Wight. “El desastre -permanece muy presente en la memoria de las familias; los sobrevivientes, sus familiares, y sus redes de apoyo local, viven diariamente las secuelas de lo que ocurrió hace 60 años. Sin embargo, fuera de esos ámbitos el desastre es apenas reconocido por la comuna, más allá de El Melón y por las instituciones responsables”.

Nigel Wight hizo ver también cómo los organismos reguladores actuales, el operador vigente e incluso la comunidad en general han ido olvidado lo ocurrido. “La experiencia de este desastre no ha tenido mayor influencia en la planificación ante posibles accidentes futuros”, expuso.

“En los años posteriores al desastre, se han reproducido condiciones subyacentes al desastre, y el escenario espacial es básicamente el mismo: una gran instalación de relaves se sitúa aguas arriba y pequeñas comunidades, aguas abajo… todo, en una zona de alta sismicidad.

“La industria minera -continuó- ha dado saltos importantes en términos técnicos y la normativa chilena sobre relaves ha cambiado considerablemente desde 1965. Existe el GISTM (Estándar Global de Gestión de Relaves para la Industria Minera), sin embargo los sobrevivientes siguen viviendo aguas abajo de un enorme volumen de relaves. Para esas personas es imposible no pensar en las consecuencias de un derrame sin remontarse a sus experiencias directas de 1965.

“El estándar de ‘daño cero’ requiere medidas que no pueden ser diseñados sólo dentro del perímetro de la operación. Deben construirse junto con las personas situadas aguas abajo. Y, en el caso de El Melón, con quienes que se relacionan con un depósito de relave de una forma muy compleja, y que conocen mejor que nadie las consecuencias potenciales de otro fallo”.

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